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lunes, diciembre 19, 2005

Navidades catódicas

zapeado por zaperu


Un año más, es lamentablemente inevitable, tenemos encima la Navidad. Desde que era sólo un tierno infante, allá por los lejanos años 70 esta festividad ha cambiado mucho.

Antes empezaba con el sorteo de la loteria (ochomilquieeentooscuarentaydooos ... veinticincomiiilpesetaaas); ahora cuando manda El Corte Inglés, como la primavera. En aquellos tiempos sólo había turrón del duro y del blando; ahora la lista de variedades es infinita. El Papá Noel setentero era poco más que un señor gordo que salía en las pelis; ahora tenemos uno colgado en casi cada ventana, que en algunos casos no sabes si es un muñeco o un caco trepador que va a limpiar alguna casa, y cada niño recibe doble ración de regalos.

Lo único que no ha cambiado en estas tres décadas son los contenidos de las televisiones. Antes sólo había una, ahora hay un ciento, pero todas ponen lo mismo: interminables galas musicales (TVE ve a poner un homenaje a Rocío Jurado que miedo me dá, sólo la promoción de semejante cosa da más grima que los vómitos de la niña de El Exorcista), supuestos programas de risas, ñoñas pelis navideñas (ayer por la tarde ya cayeron dos) y resúmenes informativos del año. En los informativos hay que añadir el monográfico que el día de la lotería le dedican a los suertudos que les ha tocado, que ya son ganas de joder, uno en casa rabiando porque no le ha tocado ni "lo puesto" y por la tele viendo todo el día el jolgorio de los que se han llevado una pasta.

¡Y los anuncios navideños!. La publicidad en televisión, al igual que las horas de luz diarias de las que disfrutamos, depende de la posición de la Tierra en su órbita alrededor del Sol. Poco antes del equinoccio de primavera, el Corte Inglés nos anuncia que la primavera ya está aquí, comienzan los anuncios de productos adelgazantes, de lugares de vacaciones y las cortinillas de continuidad de las cadenas se llenan de flores y colorines. Con el solsticio de verano nos abruman con los bronceadores, las cervezas y el Caribe 2010. Cuando el Corte Inglés manda volver al cole, los fascículos y coleccionables más variopintos y surrealistas llenan los tiempos publicitarios. Y, en estos últimos tiempos, cuando todavía no ha comenzado Diciembre, empiezan a bombardearnos con los anuncios típicamente navideños, entre los que últimamente se han colado los de los planes de pensiones con los que la gente intenta escaquear impuestos a última hora, sin darse cuenta que el dinero que no le dan a Solbes se lo van a llevar Botín y sus compinches.

Pero bueno, era de los anuncios navideños de lo que yo quería hablar.
Los tenemos gastronómicos: En los de turrones la imaginación de los publicistas brilla por su ausencia. El Almendro lleva volviendo a casa por Navidad desde que existe la tele, la cancioncilla de Antiu Xixona hace honor al nombre de la marca y 1880 sigue siendo el turrón más caro del mundo (siempre me he preguntado cómo puede funcionar un slogan que afirma que el producto es el más caro de todos). Dentro de las delicatessen propias de la Navidad tenemos a Rodolfo Langostino y para los que no llegamos a las angulas La Gula y como novedad las Anguriñas (aquí sí que los publicistas se han currado los nombres)
Los hay, por supuesto, de cavas, donde Freixenet se gasta una pasta para hacer una horterada con pareja famosa y Codorniu año tras año supera su nivel de cursilería.
Tenemos los anuncios corporativos, con los que las grandes empresas nos felicitan las fiestas de la manera más empalagosa posible. Estupendos ejemplos de este tipo de promociones son los últimos y primeros anuncios del año.
Y por supuesto, los anuncios de juguetes, donde uno puede apreciar cómo ha ido cambiando la sociedad. Hay cosas inmutables, como que las niñas juegan con muñecas que hacen pis y caca y los niños con muñecos que se dan de hostias entre ellos. Otras van cambiando, afortunadamente. Qué fue de aquellos coches con cable de Rico, el mercedes, el fórmula 1, el autobús,... Veo los coches teledirigidos actuales y me muero de envidia. O los supermodernísimos complementos de las Bratz, que hacen palidecer a la antigua de Barbie.
Hay juguetes que a pesar de su simplicidad y de varias absorciones empresariales siguen ahí, como el ya mítico Tragabolas que empezó siendo de Brecar, para pasar a ser distribuido por MB y últimamente por Giocci Preciosi, Falomir, o sabedios que empresa. Caso similar es el de Quien es quien, que ahora aparece con los caretos de los protagonistas actualizados.
Y, por encima de todos... la videoconsolas. A mi me han pillado un poco tarde, pero viendo los juegos que hacen para estos cacharros, un año de estos me pido una a los Reyes Magos.
¡Feliz Navidad!

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