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jueves, enero 05, 2006

Pero mira como venden

zapeado por zama


Pocas cosas más divertidas que ver la teletienda borracho. Lo aprendí hace ya algunos años, cuando me retiraba los sábados y hacía tiempo hasta que el mundo dejara de dar vueltas para irme a la cama. No me gustan las de aparatos de gimnasia, pero existe un amplio abanico de productos que hacían (y a veces siguen haciendo) mis delicias de etílico.

Robots de cocina que lo mismo te cortan un pepino en forma de rizos que te hacen una bechamel; aparejos de pesca de brillantes colores que dan ganas de comérselos antes que los peces; auyenta insectos que por medio de unas poderosas ondas pintadas en la pantalla repelen a cualquier no mamífero de la casa; escobas mágicas que gracias a la electricidad estática absorven toda la suciedad que el presentador se dedica a tirar por el suelo...

Las teletienda nocturna campa a sus anchas en espacios larguísimos y tremendamente repetitivos que tratan de fijar la idea de que necesitas unos productos que nunca has echado en falta y que debes pagar por ellos cantidades astronómicas.

Normalmente son espacios traidos directamente de EEUU, doblados de manera cutre, presentados por estrellas de relumbrón en horas bajas y que ofrecen testimonios de anónimos que comentan lo que les ha cambiado la vida el invento en cuestión.

O sea, tú eres John Robertson, de Connecticut, te compras un Abdominazer y se presenta la tele en tu casa para que digas lo maravilloso que es usarlo, lo mucho que ligas desde que lo tienes y enseñar una foto con el antes (camisa amarillenta, cara triste, barriga cervecera, despeinado y sin afeitar) y el después (frac, lifting recien estrenado, abdominales poderosos como tabletas de chocolate, pelo llongueras y afeitado match3). Todo muy creible.

Los programas suelen tener nombres rimbobantes (por ejemplo "Amazing discoveries", algo así como "Descubrimientos acojonantes") y se suelen apoyar en expertos ciéntificos que avalan con sus cojones que lo que venden es lo mejor del mundo y que lo hacen por que son así de desprendidos, no con ánimo de lucro.

Para productos de cocina usan a cocineros (o al boxeador George Foreman, pero esto es otro cantar); para aparatos de gimnasia a entrenadores de fitness o actores cachas (Chuck Norris); para métodos adelgazantes a doctores con número de colegiado (que siempre recuerdan al ínclito Nick Riviera de "Los Simpson"); para métodos de depilación definitivos a actrices en tratamiento de desintoxicación.

Los precios de los artículos, a pesar de ser un abierto robo a mano armada, siempre se esconden tras el reclamo de la oferta (¡antes costaba 700 euros, ahora sólo 295!) y de los regalos (comprando una mierda como esta le regalamos otro zurullo exactamente igual, el manual de uso y la bolsa para transportarlo directamente a la basura).

El fenómeno (en el sentido circense de la palabra) también ha tenido sus adaptaciones a la piel de toro. Por ejemplo, yo me he visto varias veces a uno de los de Loco Mía presentado las plantillas Magna Power, portentosas protecciones pinrélicas que amortiguaban el bote de una pelota de golf 10 veces más que una plantilla cualquiera. Iñigo y su mostacho también han tenido su periodo de televendedores de madrugada.

En cuanto a la gama de productos las teletiendas tienen sus propias modas. Hace muchos años eran las almohadas ergonómicas con forma de huevera (¡había unas rellenas de semillas!), después los reductores de estómago con forma de tabla de vigilante de la playa que se empujaban hacia tí, luego los que te hacían tirarte en el suelo y balancearte, más tarde los de gimnasia pasiva. Ahora lo más son los colchones autohinchables. Me imagino un universo de trasteros llenos de estos inutensilios.

Pero, amigos, las tiranía de la teletienda ha acabado. Este año nuevo he descubierto que existe algo mejor para ver borracho: los programas religiosos. ¿Quién iba a pensar que el 1 de enero a las 9:30 AM unos protestantes iban a estar hablando de si el tiempo era lineal o circular? Pues nadie, pero ahí estaban.

Y ahí también estaba yo, rodeado del apocalipsis que suele dejar una cena de nochevieja, con los rosados langostinos mirándome a mis sanguinolientos ojos. Y me preguntaba: este Dios que me ofrecen en teletienda, ¿a qué precio lo venderán?

4 Comments:

  • ugh,tío. qué fortaleza tan grande tuviste que tener para tragarte las teletiendas de la madrugada. Déjame que te cuente que yo probé varias noches en vela a mirarlo... dos meses después acabé con un "rapid-white" y un "chef-o-mátic" en mi morada.

    Cuidado.

    By Blogger Adelaida, at 5:44 p. m.  

  • Manifiesto con orgullo que yo nunca he comprado nada en una teletienda.

    ¿Le has sacado partido al chef-o-matic?

    By Blogger zama, at 6:08 p. m.  

  • Todo lo que se vende en la teletienda acaba estando en el corte inglés o lo que no alcanza un mínimo de calidad, en la Feria de Muestras de Gijón.

    Por tanto yo prefiero comprarlo en esos sitios para ver cara a cara a los cuchillos Ginsu.

    Lo que nunca entenderé es que ponga la caja "Anunciado en TV". ¿Y?

    By Blogger supertronko, at 1:36 p. m.  

  • Qué razonable suposición final, supertronko.

    By Blogger Adelaida, at 10:03 p. m.  

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