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lunes, febrero 05, 2007

La hipótesis Gala

zapeado por zama


Probablemente sólo haya una cosa más genuinamente gay que organizar un fiesta para ver la ceremonia de los Oscar: organizar una fiesta para ver el festival de Eurovisión. Puede que parezca que el comentario no viene a cuento y que hasta tiene cierto tufillo homófobo. Nada más lejos que Cuenca y a pesar de que me pueden sermonear con el "excusatio non petita, acusatio manifiesta", me pongo la venda antes de hacerme la herida: este no es un post homófobo. Ni heterófobo.

Me pregunto entonces, ¿qué posicionamiento sexual tiene una persona que organiza una fiesta para ver la gala de los Goya? Indudablemente, no se puede afirmar con total rotundidad que sea tan gay como alguien que anima a Las Ketchup en la ronda de votaciones con una banderita en la mano y una tarta de fresa en la mesa de centro, pero tampoco es tan macho como alguien que llama a sus amigotes para cenar pizzas, cerveza y ver la final de la Liga de Campeones.

Así pues, ya tenemos todos claro que la gala de los Goya no es ningún método ciéntifico de asignación de identidad sexual. Puedo seguir hasta el infinito diciendo aquellas cosas para las que no sirve una gala de los Goya u optar por definir para qué sirve. Pues además de para premiar a los artistas y científicos de la academía de las artes y las ciencias cinematrográficas, los Goya tienen básicamente dos fines sociales:

- Rellenar cuatro horas de televisión.

- Proporcionar argumentos para poner a parir a la academia de cine y al presentador de la gala por el coñazo perpretado.

Tras bastantes días de reflexión y de alimentación opinativa de distintos medios, he llegado a la conclusión de que este año estas acciones desinteresadas no han sido cumplidas ni por asomo. La gala rellenó tan solo 3 horas y media, en virtud de la política del acojone diferido: se anunció a bombo y platillo que la gala se iba a emitir con delay y que todos aquellos que se excedieran en su discurso de agradecimiento serían convenientemete eliminados en la sala de montaje. El resultado: los premiados pasaron ante el micro como centellas, que casi casi no agradecían ni a sus padres el hecho de haberles parido. Bien, bravo, me parece excelente. El año que viene pongamos un francotirador en la platea y al que se exceda del minuto y medio, tiro de advertencia en la rodilla.

El otro fin sin ánimo de lucro, el de los argumentos para el escarnio de academia y presentador, se me antoja contradictorio con la situación de años anteriores. Baterías de críticos y hordas de opinadores lanzaban siempre sus más mordaces ataques contra la gala: que si vaya aburrida, que si qué mierda de guión, que si hay que ver que poco sentido del espectáculo, que cuanto nos queda por aprender de los oscar... y así un sinfín de frases tipo del estilo de "el fútbol es asín". Pero oh sorpresa, este año unanimidad en que la gala ha estado muy bien, el presentador un hacha y todo de color de rosa. Pues qué quieren que les diga, ni tanto ni tan calvo.

Ni tanto porque parece que no recordamos cuando la gala la presentaba estupendamente Rosa María Sardá o el Wyoming y sólo parece venir a la memoria los torpes intentos de Cayetana. Y ni tan calvo porque, sí, Corbacho nos cae bien a todos y "Homo zapping" era un gran programa, pero ¿de verdad alguien cree que el guión era ingenioso? ¿Es que acaso eran divertidas las parodias de películas? Pues si alguien así lo cree, se lo quito de la cabeza, porque está terríblemente equivocado. A lo mejor es que la capa de maquillaje que llevaba Corbacho no me dejó ver el divertido transfondo de parodiar "Salvador" con un tío que juega a baloncesto mientras Andrés Montes grita "ratatatatá". A lo mejor es eso, o a lo mejor es que no tenía ni puta gracia.

Mención aparte es el tema de la actitud de entregantes y premiados. ¿Por qué Nawja Nimri y Dani "el-cardo-del-lotto" Martín ni siquiera sabían que tenían que dar dos premios? ¿Unos "artistas" que no se acuerdan de su guión tienen como culmen de la improvisación la frase "no nos acordamos del guión, con lo que los nominados son...". ¿Por qué Bebe tiene que salir al escenario con una cámara de "Caiga quien caiga"? ¿Alguien se imagina a Julianne Moore subiendo con una cámara a recoger el Oscar (salvando todas las distancias)?

En fin, que a mi, por extraño que parezca, me gusta la gala de los Goya, pero la diferencia notable entre años anteriores y éste no la he visto por ningún sitio. Es un hecho objetivo que ha sido más corta, es incontestable que la ha visto más gente, pero las críticas de años anteriores y su ausencia en éste se debe, a mi entender, a un puro y llano criterio de odios personales.

Trataré de corroborar todo esto el año que viene, momento en el que organizaré una fiesta en mi casa con pizzas y cerveza para ver la gala. A ver si así me vuelvo bisexual.

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martes, junio 20, 2006

Sorpresas

zapeado por zaperu


Hace tiempo que dejé de sorprenderme por las cosas que por la tele salen. Pero eso no impide que en ocasiones me lleve algún sobresalto. El sábado pasado por ejemplo.

Cine de Barrio programaba la peli “Martes y 13” y como es costumbre en este espacio (y también en otros de películas como Off Cinema, Hazte un Cine o Versión Española) se ilustra la proyección con un reportaje previo. En esta ocasión se hablaba del mal fario asociado a esa fecha, las razones que le han llevado a ser un día gafe y otros prescindibles datos sobre supersticiones. Nada de lo que allí se dijo sorprendía –entre otras cosas porque son argumentos mil veces repetidos– pero sí alguna de las cosas vistas; especialmente dos: un jinete portando una cabeza decapitada con un explícito primer plano de la sanguinolenta testa y Jason Viernes 13 descuartizando a destajo. Jamás me hubiese imaginado ver unas escenas gore en un programa de Carmen Sevilla.

Pero esto de Cine de Barrio no es más que una anécdota, lo verdaderamente jevi lo pudimos ver el domingo por la noche en El invento del siglo o El chou de los inventos o como coño se llame el penúltimo programa presentado por Carlos Sobera en A3.

Se trataba de un invento presentado por una señora, que suponemos sería además madre, cuya finalidad era sacarle los mocos de la nariz a los bebés que todavía no tienen la capacidad de sonarse. Consistía básicamente en un tubo que por un lado se enchufaba a la nariz del niño y por otro ¡a la aspiradora!.

A parte de ser una animalada (por mucho que el cacharro ese sea capaz de controlar la fuerza de succión), no es un invento que cumpla las reglas de la sostenibilidad, concepto tan de moda últimamente desde que ese misterioso holding empresarial que responde al llamativo nombre de Acciona nos machaca con sus anuncios. Usar energía eléctrica para desatascar la nariz de un crío es un derroche. Mi madre nos sacaba los mocos a mis hermanos y a mí con una simple “pera” de acción manual y conozco el caso de una abnegada madre que en momentos críticos sorbía directamente con su boca las mucosidades de sus retoños.

Mientras esto pasaba en A3, en Cuatro Iker Jiménez, el más digno heredero del Dr. Jiménez del Oso que por la tele ha pasado, no nos sorprendía sino que nos acojonaba y mucho con una historia de unas voces y lamentos que hasta 10 personas escucharon en el tanatorio de Ceuta. Daba más miedo que el partido de ayer de España hasta el minuto 70. Quizás al final la tele ofrezca algo verdaderamente sorprendente y veamos a ¡España! ganar el mundial (lo siento pero yo también me estoy empezando a contagiar de la euforia colectiva).

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lunes, junio 05, 2006

La metáfora del zombie intercalado

zapeado por zama


Sin duda alguna, el género que más obras maestras ha dado a la historia del cine es el de zombies. Aun siendo repetidamente vapuleado por crítica y ninguneado en las distintas ceremonias de premios, los zombies son siempre sinónimo de calidad, entretenimiento y buen cine.

Las tramas argumentales suelen ser complejas estructuras dramáticas, arrancando con un detonante casi siempre basado en hechos reales: un satélite, como en la primigenia "La noche de los muertos vivientes", un virus creado por malvados científicos, como en "Resident Evil", unos animales con rabia como en "Braindead", o simplemente algo desconocido como en "El amanecer de los muertos". El resultado tras el estallido inicial es casi siempre similar: los muertos regresan a la vida y se arrastran por las ciudades buscando alimento. Su manjar favorito: cerebros.

El grupo de protagonistas de la peli, compuesto inicialmente por no zombies, trata de escapar de la amenaza con los limitados medios que disponen en un mundo que está siendo asolado. Las buenas películas de zombies exigen que mediado el metraje los personajes principales estén aislados. Puede servir una casa, una granja, un centro comercial o un lujoso edificio, pero es imprescindible que los zombies golpeen puertas y ventanas mientras gruñen de hambre.

No obstante, las verdaderas estrellas de estas pelis son los zombies, actorazos escondidos bajo una máscara de putrefacción y con brillantes diálogos. No hay que más que leer con detalle el guión de "El regreso de los muertos vivientes" para darse cuenta de tal aspecto. Como muestra un botón. Después de que unos enfermeros acudan a un punto de la ciudad donde son devorados por zombies recientes, uno de los muertos vivientes coge la radio de la ambulancia y realiza su pedido: "Send more paramedics". Puro Shakespeare.

En el nudo de la peli, los no muertos van cayendo poco a poco. A la niña le muerden el brazo, el cachas se salpica con sangre infectada en un ojo, la novia del prota es arañada a través de una ventana... quedan pocos minutos para el final y los zombies están conquistando el mundo con su lento caminar y su soniquete gutural. Las buenas pelis de zombies han de acabar mal. Los protas se abandonan o tienen un descuido y serán para siempre zombies inmortales. Su errático futuro les llevará por distintos parajes a la búsqueda de cerebros, pero esa ya es otra historia y nosotros no la veremos.

Y la tele española es lo mismo. Un elemento disparador, un ejercito de zombies al acecho y los espectadores mentalmente vivos tratando de escapar, contando cada vez con menos reductos inexpugnables, encerrándose en Cuatro o en los canales de TDT. Pero el cansancio se va apoderando de uno y los zombies no duermen. Llegado el momento te abandonas y no hay salida: un zombie te muerde el brazo y ya eres uno de ellos. Los putos muertos vivientes han vuelto a ganar. El virus se ha extendido por completo.

Que cada cual extraiga sus propias conclusiones.

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jueves, febrero 16, 2006

Telefilm

zapeado por zama


¿Es la tele un medio de comunicación y el cine un arte? ¿Puede ser al revés? ¿Pueden ser ambos ambas cosas? Como es habitual en este blog, el post que a continuación viene no trata del tema planteado en la introducción, pero es bonito dejar preguntas abiertas. Si acaso en otro momento las resolvemos. Ahora vamos con otros aspectos de la relación cine-tv.

El cine trata un espectro de temas tan amplios como la vida (hoy estoy en plan grandilocuente) y no se escapa a hablar sobre la tele porque hasta ahí podíamos llegar. Si los españoles se pasan 240 minutos al día delante de ella, sería una estupidez que el cine la obviara. Pero, ¿la tiene en cuenta tanto como debería? Mi opinión es que no, no existen demasiadas pelis que tengan como tema a la televisión, y cuando la tienen, es en algún aspecto secundario. Pero existen honrosas excepciones, veamos tres ejemplos de ellas:

"Permanezca en sintonía" nos enseña al mismísmo demonio reconvertido en vendedor de antenas parábolicas, las cuales proporcionan 666 canales de variado entretenimiento. El ya fallecido John Ritter la compra para su uso y disfrute y el de toda su familia, pero se encontrará con la contrariedad de que la nueva antena se chupa a los miembros del clan y los introduce en el mundo televisivo. La familia pasa de programa en programa y de canal en canal buscando la salida, pero deben hacerlo antes de que pasen 24 horas, tiempo en el que el mesfistotélico programador ganará sus almas para siempre. Uno de los gags más divertidos es cuando el protagonista aparece en la serie que le lanzó al estrellato, "Apartamento para tres". Ante tal visión no puede más que gritar acojonado. Una comedia muy original y para toda la familia.

"Un loco a domicilio" se supone que es la traducción de "The cable guy". Jim Carrey interpreta a un instalador de televisión por cable, transtornado psicológicamente por una infancia permanentemente situada frente a la tele. Establece amistad (su única amistad) con uno de los clientes, y ésta se va transformando poco a poco en obsesiva y enfermiza. Como hilo conductor y como elemento de crítica social, en paralelo a la trama de los personajes principales se desarrolla un jucio a-la-O.J.Simpson: un gemelo mata a su hermano, ambos protagonistas de un culebrón y su juicio se retransmite en directo para todo el país. El momento de climax de la peli, cuando todo EEUU está pendiente de escuchar la sentencia del presunto asesino, Jim Carrey se lanza hacia la antena parabólica más grande del universo. ¿Qué pasará? Vapuleada por crítica y público, no merecía tal tratamiento. Tiene cosas que sobran, como algunos excesos payasistas del prota, pero es una comedia original y no apta para toda la familia.

"El show de Truman", nuevamente con Jim Carrey, nace a la par de los programas de telerealidad que posteriormente invadieron nuestras vidas. Aunque para mi ha envejecido algo mal (la prueba es que últimamente la programan los fines de semana a las 15:30), sigue siendo una buena representación del mito de la caverna (que alguien me rebata, que estoy lanzado). Truman (curioso nombre) vive en un mundo permanentemente retransmitido por TV, en un programa seguido a escala planetaria con una única trama: su vida. Adoptado desde su concepción por la corporación que lo explota, Truman no sabe que vive en un mundo irreal, pero hay cosas que no le cuadran y como Neo en Matrix, lucha por escapar para encontrase con el amor verdadero. Cuando por fin lo consigue, con la humanidad completa como share, el programa finaliza. Uno de los adictos televidentes sólo acierta a decir: "¿Qué echan ahora?".

Así que, en resumen, el cine ve a la tele o como manejada por el demonio y siendo un instrumento de captación de almas, o como un método de transtorno mental para los niños con funestas consecuencias en la etapa adulta o como un dios que todo lo controla y engaña al individuo.

¡Pues ya está bien! Ni el cine es tan bueno (existen numerosísimos ejemplos) ni la tele es tan mala: yo soy la prueba palpable de ello.

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