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lunes, octubre 30, 2006

La invasión de las ultrateles

zapeado por zama


Las pantallas planas sobrevolaban la ciudad, escrutando desde muchos metros los posibles elementos de carroña con los que poder darse un festín más adelante, cuando la tarde se comenzara a teñir de ocre. Bajo ellas, una bandada de descodificadores TDTs gorgojeaban, cambiando de rumbo azarosamente, ejercitando sus pequeños chips y buscando algún alimento fácil: una telenovela abandonada en el suelo, un trozo de zapping a medio comer por algún humano poco hambriento. Los aparatos con tubo catódico reposaban cansados en los gruesos troncos de los repetidores, esperando desesperados la cada vez más cercana muerte digital que les sobrevolaba.

La tele de pago oteaba el horizonte, con majestuosidad, sobre la loma desde la que se podía comenzar el descenso al núcleo urbano. Sentada sobre sus cuartos traseros, volteaba de vez en cuando la cabeza para vigilar a sus canales temáticos, que jugaban entre ellos en un puro ejercicio de reforzar los vínculos entre la especie.

Desde mi casa se oían claramente los chillidos enfurecidos y desesperantes de las operadoras de cable, luchando unas con otras por acceder a la única charca que aun tenía cuota de mercado en esa época del año. Actuaban temerosas, con el miedo en el cuerpo de que la tele de pago se pusiera súbitamente en acción y corriera tras ellas, pondiendo en serio peligro sus vidas.

Las teles generalistas correteaban por los parques y jardines, al lado de los humanos, atados en corto por la cuerda publicitaria y lamiendo las manos de sus dueños. Alguna de estas, otroras mascostas favoritas, habían contraído una extraña enfermedad que les había hecho perder share hasta unos extremos casi mortales y de unos meses para acá apenas podían seguir el ritmo de sus congéneres. Los nuevos cachorros de la camada, en cambio, se mostraban sorprendentemente despiertos y juguetones.

Las antenas y repetidores, típica flora de esta naturaleza, ejercían de testigos imperturbables del paso del tiempo, mutando de mucho en mucho. Se sabían imprescindibles en el ecosistema, en el telesistema. Su vida trasncurría anclada y sin peligro, sin depredadores ni amenazas al margen de la meteorología, riesgo de cualquier forma inevitable.

Era un día más en el planeta televisivo.

Pero cuando toda la flora y fauna televisiva creía que el ciclo de la vida era estable y que la situación perdudaría así para siempre, siempre jamás, ocurrió algo inaudito. Apareció por encima de las pantallas planas, por encima de las nubes, venido desde más allá de la galaxia. Un objeto, un ser inexplicable, un OVNI de dimensiones descomunales, una especie totalmente nueva. Ninguno de los ejemplares existentes tenía conocimiento de ella ni la había visto jamás antes. Hombres y bestias levantamos las cabezas hacia el cielo y temblamos.

Había llegado internet. Y ya nunca nada fue como hasta entonces.

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miércoles, septiembre 27, 2006

Simulación por reflejo

zapeado por zama


Las dos frases más típicas tópicas que se dicen acerca de la tele constituyen la prueba más irrefutable de la naturaleza hipócrita del televidente. Al turrón: "La tele es una mierda" y "Lo vi haciendo zapping". Gran comodín en cualquier comida con los compañeros de trabajo, la combinación "esquelateleesunamierda" siempre es un acicate que sirve como punta de lanza para poner a parir a presentadores, invitados, formatos, series, directivos, creadores e, incluso, a la masa de espectadores. Yo, aparto los bichos del arroz y me concentro en mi paella, mascando para mis adentros lo equivocados que están.

¿Es la tele una mierda? Vamos a responder a tan apasionante cuestión con el uso de la técnica de la simulación por reflejo.

Tenemos libros de Corín Tellado, Danielle Steel, la editorial Jazmín, tenemos novelas de vaqueros en papel bruto con una prosa peor que la de los panfletos de La Atalaya. Tenemos libros de autoayuda que solo autoayudan a su autor con los beneficios conseguidos, miles de libros los cuales, o bien destripan los misterios de una novela de ficción sobre DaVinci o bien plantean nuevas intrigas, también de ficción pero disfrazadas de realidad; libros de templarios, de sociedades secretas, de otras supersecretas, de otras un poco conocidas pero que hacen ocultismo o satanismo. ¿Es la literatura una mierda?

Tenemos pelis de Uwe Boll, tenemos comedias de instituto que basan su guión en la repetición de los mismos chistes una y otra vez y en enseñar un par de tetas, films de terror que sólo asustan por la técnica del ambiente tranquilo sobresaltado por la aparición de algo inquietante o de un bicho feo, dramones insoportables que tratan de conseguir la lágrima mostrando lágrimas y pelis de acción con escenas imposibles y menos guión que el prospecto de una aspirina. ¿Es el cine una mierda?

Tenemos espectáculos teatrales de percusión: algunos de golpes sobre barriles, otros de golpes sobre el suelo, otros de golpes con adminículos de cocina; tenemos musicales de Abba, de Queen, de Mecano, de Fama, del Quijote; revistas de José Luis Moreno, de Moncho Borrajo. Tenemos miles de obras de monólogos humorísticos, todas exactamente iguales a las otras, en especial la última en estrenarse. ¿Es el teatro una mierda?

Tenemos restaurantes infumables con ambientes irrespirables, vasos sucios, sillas incómodas, menús caros de platos aceitosos, mal presentados, peor servidos por camareros desagradables que meten el dedo en el flan y te echan el aliento en las lentejas. ¿Es la gastronomía una mierda?

Concluimos: tenemos programas de miserias rosas como "Aquí hay tomate", "A tu lado", "Salsa Rosa" o "Dónde estás corazón", concursos pesadísimos con presentadores que aburren a las piedras como "Allá tú" o "¿Quién quiere ser millonario?", tenemos series pensadas con el culo y compradas por las cadenas en un alarde de la graduación alcóholica de las comidas de negocios como "Ellas y el sexo débil" o "Los Serrano". Tenemos simul-informativos-magacines que hacen uso del vouyerismo de la gente y nos enseñan lo peor de nosotros mismos como "Gente" o "El buscador". Tenemos fotocopias de multicopias de realities hipermanidos como "Mira quien baila" o "Patina tú que a mi me da la risa" (o como se llame). Pero esto no quiere decir que la tele sea una mierda.

No es una mierda porque tenemos "Documentos TV" o algún edición de "La noche temática" o incluso "Redes" para quien llegue a verlo. Tenemos "Perdidos", "A dos metros bajo tierra" o incluso "Aquí no hay quien viva". Tenemos "Supernanny" o "Días de cine". Tenemos "La 2 noticias", "Callejeros" o "Animalia". Tenemos "Soy el que más sabe de televisión del mundo", "Futurama" o "Los Simpson".

Pero claro, esto no son los típicos programas que uno ve "haciendo zapping". Casualmente el dedo siempre cae "haciendo zapping" en los que luego se critica a la hora de la paella. Porque para ver los que no llevan a calificar la tele de mierda hay que hacer un pequeño esfuerzo. Tampoco mucho: el problema es la elección. Pastilla azul o pastilla roja. ¿"Salsa Rosa" o "La noche temática"? ¿"A tu lado" o "Channel nº4"? ¿"Desafio sobre hielo" o "Versión española"? ¿"Dónde estás corazón" o "Supernanny"? ¿Canelones congelados o fabada? ¿Peli romántica o una de zombies?

El hipócrita espectador que somos todos siempre puede optar por tomar la pastilla azul y creer lo que quiera creer: la literatura, el cine, el teatro y la gastronomía molan mucho, pero la tele es una mierda.

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lunes, junio 05, 2006

La metáfora del zombie intercalado

zapeado por zama


Sin duda alguna, el género que más obras maestras ha dado a la historia del cine es el de zombies. Aun siendo repetidamente vapuleado por crítica y ninguneado en las distintas ceremonias de premios, los zombies son siempre sinónimo de calidad, entretenimiento y buen cine.

Las tramas argumentales suelen ser complejas estructuras dramáticas, arrancando con un detonante casi siempre basado en hechos reales: un satélite, como en la primigenia "La noche de los muertos vivientes", un virus creado por malvados científicos, como en "Resident Evil", unos animales con rabia como en "Braindead", o simplemente algo desconocido como en "El amanecer de los muertos". El resultado tras el estallido inicial es casi siempre similar: los muertos regresan a la vida y se arrastran por las ciudades buscando alimento. Su manjar favorito: cerebros.

El grupo de protagonistas de la peli, compuesto inicialmente por no zombies, trata de escapar de la amenaza con los limitados medios que disponen en un mundo que está siendo asolado. Las buenas películas de zombies exigen que mediado el metraje los personajes principales estén aislados. Puede servir una casa, una granja, un centro comercial o un lujoso edificio, pero es imprescindible que los zombies golpeen puertas y ventanas mientras gruñen de hambre.

No obstante, las verdaderas estrellas de estas pelis son los zombies, actorazos escondidos bajo una máscara de putrefacción y con brillantes diálogos. No hay que más que leer con detalle el guión de "El regreso de los muertos vivientes" para darse cuenta de tal aspecto. Como muestra un botón. Después de que unos enfermeros acudan a un punto de la ciudad donde son devorados por zombies recientes, uno de los muertos vivientes coge la radio de la ambulancia y realiza su pedido: "Send more paramedics". Puro Shakespeare.

En el nudo de la peli, los no muertos van cayendo poco a poco. A la niña le muerden el brazo, el cachas se salpica con sangre infectada en un ojo, la novia del prota es arañada a través de una ventana... quedan pocos minutos para el final y los zombies están conquistando el mundo con su lento caminar y su soniquete gutural. Las buenas pelis de zombies han de acabar mal. Los protas se abandonan o tienen un descuido y serán para siempre zombies inmortales. Su errático futuro les llevará por distintos parajes a la búsqueda de cerebros, pero esa ya es otra historia y nosotros no la veremos.

Y la tele española es lo mismo. Un elemento disparador, un ejercito de zombies al acecho y los espectadores mentalmente vivos tratando de escapar, contando cada vez con menos reductos inexpugnables, encerrándose en Cuatro o en los canales de TDT. Pero el cansancio se va apoderando de uno y los zombies no duermen. Llegado el momento te abandonas y no hay salida: un zombie te muerde el brazo y ya eres uno de ellos. Los putos muertos vivientes han vuelto a ganar. El virus se ha extendido por completo.

Que cada cual extraiga sus propias conclusiones.

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viernes, mayo 12, 2006

Móvil perpetuo de 1ª especie (contiene la z)

zapeado por zama


Todo es cíclico. En un futuro, esperemos que lejano, este blog se cerrará con un artículo sobre la tele en domingo, tema no por manido menos interesante. La historia está condenada a repetirse debido a nuestra incapacidad para aprender de los errores. Las modas de vestuario nos enseñan año tras año esta realidad: vuelven los 60, luego los 70, luego la moda grunge (por fortuna se saltaron los 80). En el cine también hay ciclos. Acabamos de pasar una nueva época de cine catastrófico y estamos todavía sumergidos en otra de cine de terror como 40 años atrás. Y en el todo que nos envuelve, el universo, parece ser que un gigante continuo de expansión-compresión se sucede de cuando en cuando.

La tele no iba a ser la excepción. Si se toman con esmero datos estadísticos de programaciones veríamos que el número de culebrones en parrilla varía con el tiempo como una función seno. En estos meses y tras "Pasión de gavilanes" estamos en un máximo. No se preocupen porque a partir de ahora su derivada tiene claramente una pendiente negativa y de aquí a 4 años reinará la calma en las sobremesas españolas.

Las personas (o personajes) gloriosos en otros años reaparecen como Guadianas tras etapas de oscuro anonimato. Ahí tenemos a Íñigo, descapotable por fin, que asoma su calva en otro continente. Los difuntos no se salvan del eterno retorno: Lola Flores, Encarna Sánchez... vuelven a ser individuos de las más rabiosa actualidad y para las teles son igual de rentables que cualquier contemporáneo.

Los acontecimientos deportivos, siameses inseparables de las retransmisiones televisivas, tienen la periodicidad definida por calendarios estables, lo que asegura a las cadenas un valor fijo y rentable en la parrilla, y lo que tranquiliza a los espectadores, a los cuales el mundial de fútbol cada cuatro años es más importante que el 29 de febrero.

Y a los concursos, parte del todo que es la tele, dentro de la historia de la humanidad, inscritos en la ubicación espacio-temporal del universo, les pasa lo mismo. Se ponen de moda, se llenan las parrillas de ellos, alcanzan una cota máxima de share en base a la función seno, y cuando empiezan a perder el cariño de la audiencia se les intenta reflotar con una maniobra de marketing propia de campaña política.

Semanas antes se anuncia que se va dar un bote importante, días antes se anticipa el momento exacto y llegado el día en cuestión se baja el nivel de exigencia del concurso para cumplir con el objetivo: dar el mayor premio de la historia de la televisión española y quedarse tan anchos con un share superior a la media.

"50 x 15" ya lo hizo en su día (y anticipo que no tardará mucho en volver a hacerlo) y "Pasapalabra" ya tiene un par de experiencias similares, la última esta misma semana. Reto a cualquiera a tratar de resolver el rosco del premio de los 2 millones de euros que se entregó el lunes y a que me diga cual es la supuesta dificultad de la prueba. Obviamente la tensión del momento y el peso de estar en la tele es grande, pero se supone que un concurso es un reto, no un juego de azar para ver quien es el tío al que le toca grabar el programa el día con las pruebas más fáciles.

Me gustaría que todos estos concursillos de supuestos conocimientos culturales y vinculados a la suerte más que al verdadero saber, estuvieran regidos por una normativa leonina liderada por un supernotario malvado que les pusiera los puntos sobre las íes programa tras programa. Pero como estamos en la época de la trampa y las inversiones en sellos, supongo que me queda esperar a la venganza del eterno retorno.

Un día "Pasapalabra" se olvidará de sus errores y caerá en el olvido mediático, quedando relegado a la venida de una nueva moda de concursos. En ese futuro, tendremos que volver a hablar de la tele en domingo. Todo es cíclico.

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domingo, abril 16, 2006

Operación retorno

zapeado por zama


Si te pasaras desde el nacimiento encadenado en una caverna donde sólo pudieras mirar hacia una pared, en la cual se proyectaran las sombras de las personas que pasen por la entrada de la gruta y las de los objetos que transportan, serías el protagonista del mito de la caverna de Platón, alegoría que me viene al pelo.

En mi día a día vivo encerrado en la caverna del prime time nocturno, por lo que pienso que todo el universo televisivo está poblado de series interesantes y de partidos de la Champions. Así que, salvando extrañas amenazas en forma de "Mira quien baila", considero a la tele como un ser bondadoso.

Pero cada vez que me quedo de vacaciones, me libero de las esposas que me encadenan a la franja nocturna y descubro otros husos horarios. Y esta semana santa me dado de bruces con una realidad que las autoridades nos tienen oculta: a lo largo de las mañanas y las tardes la tele regresa al pasado.

Los lagartos de "V" (mañanas de Cuatro) pretenden nuevamente invadir la Tierra y acabar con las plagas de roedores, a la vez que expolian los recursos naturales y someten a la humanidad a prácticas de lavado cerebral. El lunes me llevé un alegrón al descubrir a Diana comiendo ratas gigantes, pero tras dos capítulos me di cuenta de que los trajes rojos y las pistolas de rayos habían envejecido bastante mal, por lo que me pasé a "El programa de A.R."

La protagonista de este programa no es la mencionada A.R., la cual no aparece por ningún sitio, sino la mujer de un importante torero que, presuntamente, ha cometido un delito de falsedad documental. El asunto se enrevesa porque la susodicha también ha perdido un móvil, cuyo contenido nadie desvela, pero que se intuye comprometido. El asunto es tan críptico que me pierdo y en otro zapping feroz me retrotaigo a los noventa y veo "El príncipe de Bel Air".

Will Smith y su primo tienen las mismas desventuras que Antena 3 nos ha contado cientos de veces y empiezo a estar ya cansado de este día de la marmota vacacional. Pero la cosa no ha hecho más que empezar. Ni siquiera tengo refugio en el cine, ya que sólo se programan pelis de romanos (romanos en apogeo, romanos en declive, romanos en circos, romanos contra cristianos... ) y "Pretty Woman".

Para colmo de males, "Aquí hay tomate" dedica monográficamente sus reportajes de actualidad a una periodista presuntamente lesbiana fallecida hace diez años. Los viajes en el tiempo ya me están mareando y decido mandar a la mierda a la tele hasta el final de la semana. Cuando decido que estoy recuperado, pero con el temor de las experiencias previas, decido ver lo único que sigue permanentemente inmóvil por muchos años que pasen: la iglesia.

Y allí veo al señor Rouco Varela, que tiene nombre de árbitro murciano, presentando la gala de cierre de la semana y a una señora vestida de verde leyendo nada más y nada menos que el Génesis, el no va más de los viajes en el tiempo. Y descubro con estupor que el supuesto creador se inventa los animales domésticos antes que el ser que los domestica.

Me vuelvo a mi caverna y ya me inventaré yo la realidad que me plazca.

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lunes, febrero 27, 2006

Maldito domingo (III)

zapeado por zama


Camino confuso, desenfocado, ojeroso. Mi espalda recibe latigazos musculares y mi cuello se comprime desde dentro. El cansacio embota mi cerebro y de él sólo se obtienen pensamientos inconexos. Me vienen imágenes en color, pero éstos no son tan vivos como habitualmente. La lluvia que rodea el exterior parece haberse colado en mi interior. La presión atmosférica me aplasta y me vengo abajo.

Me pregunto qué me sucederá y sólo obtengo respuestas parciales. Los compromisos sociales, los sentimientos elevados a la máxima potencia, el stress laboral, el cansancio físico, el depresivo entorno climatológico, la trashumancia constante... todo ello no son más que meros hechos anécdoticos que pueden explicar la sintomatología, pero no el origen de la enfermedad.

Divago mentalmente antes de acostarme, farfullo incoherencias, trato de averiguar el remedio a mis males y entonces veo la explicación a todos estos fenómenos que me ocurren. Rectangularmente situada ante mí está la respuesta: llevo más de 24 horas sin ella.

La miro, apagada, expectante. Me veo reflejado en su ojo, pero no acierto a verme los rasgos.

La melodía de una onda electromagnética oscilante llega a mis sentidos. Va cargándose de vida: primero sonidos, un instante de fulgor y por fin imágenes. La droga me llena rápidamente las aterias, los capilares y en mi cara aparecen las formas de otros. Los colores ya son vivos, la lluvia ha sido sustituida por el sol de los focos.

Me llamo Zama y soy adicto a la tele.

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