A tortas con la China
zapeado por zama

Decíamos ayer que se echaba en falta el humor absurdo en la tele. Pues resulta que me doy de cara con la noticia de que a partir de este fin de semana, Cuatro va a recuperar el indescriptible "Humor amarillo", y con la comunicación a mis allegados de la buena nueva me he dado cuenta de la ingente cantidad de personas que muestran su agrado ante tal reposición.
Sorprendente al menos: nada tan absurdo como este espacio. El imaginario colectivo recuerda a "Humor amarillo" como un programa donde unos chinos se daban hostias contra la cosas o con las cosas. Pues nada más lejos de la realidad: resulta que los que se hostiaban eran japoneses.
La mecánica del concurso (porque se trataba de un concurso) no contemplaba en absoluto aquello tan manido de las preguntas y respuestas. Unos doscientos orientales, con sus cascos instalados y su falta de pudor característica, corrían agitados en pos de la conquista del castillo de Takeshi y para ello, debían lidiar con diversas pruebas, eliminatorias, en las que se demostraba la natural resitencia del hombre asiático. Cualquiera que haya visto un zapping sabrá a qué me refiero.
Aquellos que no superaban las distintas tareas encomendadas pasaban a mejor vida. A juzgar por el grado superlativo de las hostias, esta frase es acertada. Intuyo un gran número de minusválidos en el Japón actual.
Aquel ser de rasgos afilados y tez amarilla que lograra asaltar, tras la última prueba, el castillo de Takeshi, ganaba la nada despreciable cifra de un millón de yenes (7000 euros actuales). ¿Valía la pena tanto sacrificio? Creo que sí, yo personalmente cambiaría caer eliminado en la primera prueba de "Humor amarillo" con rotura de 2 vertebras por 600mil euros conquistados tras 45 minutos aguantando a Jesús Vázquez y su tropa de felices con la vida de "Allá tú".
Parece claro que el programa caló en ciertos estratos de nuestra sociedad. ¿Cómo explicar este hecho? Probablemente se trate de un tema generacional. La camada de finales de los 70 despuntaba su pubertad a principios de los 90, y las cadenas privadas aprovecharon el filón. Para reunir a las masas superhormonadas alrededor de la pantalla, Tele5 programó "La 5ª marcha" a media tarde de los sábados. Este programa, de inexplicable y vergonzante éxito, era precedido por el de los chinos, lo que le convertía en un magnífico puente humorístico. Y de ahí surge el mito: toda una generación de adolescentes recuerdan a los crash test dummies chinos como una generación anterior recuerda a "Mazinger Z": con indudable devoción.
Una de las claves del éxito vino dada por los comentarios de Juan Herrera y Miguel Ángel Coll, duo humorísitico de los que sólo tengo noticias de su posterior colaboración en radio, en un programa de Julia Otero. En base a su ingenio y a unos guiones que hacía gente como Elvira Lindo, vistieron el programa de coletillas que le dieron el empuje final hacia el éxito.
¿Quién no recuerda al Chino Cudeiro, al malvado occidental, al grano de café y a tantos y tantos personajes fijos y variables?
Basta ya de reivindicar a Punset y Noches Temáticas, se acabó decir que sólo vemos los documentales de La 2 y las pelis en versión original. Ya es hora de quitarse la careta: que vivan los chinos.