Que bueno que volviste
zapeado por zama

Ya lo decía Vincent en Pulp Fiction, lo destacable son las pequeñas diferencias. Así, tanto para comparar el remake de una peli con su original, las ofertas de un supermercado con las de otro o para enfrentar a dos países y sus respectivas sociedades, como son Argentina y España, lo divertido no es enunciar lo que comparten sino los pequeños detalles que hacen que se alejen. Sin contar el oceáno, claro está.
Así pues, no es que en Argentina los semáforos estén después del cruce y que girar a la izquierda sea una tarea de pioneros, no es que los peatones se jueguen la vida en cada paso debido a la ausencia del criterio de respeto hacia los humanos paseantes, no es que haya cientos, miles, millones de taxis y que siempre haya uno disponible aunque estés en la zona más recóndita de la ciudad, no es que los coches estén obligados a llevar las luces de día y de noche y que ninguno haga uso de ellas ni de día ni de noche, no es que los pocos que usen las luces las lleven verdes como si fueran gatos.
No es que a pesar de hablar el mismo idioma los términos gastronómicos no se parezcan ni lo más mínimo. No es que a las fresas las llamen frutillas, ni que al maiz se refieran como choclo, ni al pavo como pavita, a las empanadillas empanadas y a las empanadas pastel gallego. No es que los crepes o frixuelos sean panqueques. No es que la pasta se designe invariablamente en italiano, que a las vacas las despiecen en formatos inimaginables, ahora bifé de chorizo, ahora baby beef, ahora te traigo vacío, marchando una tira de asado (que está hecha a la parrila). No es que tengan un espectro de guarniciones tan amplio como la Pampa.
No es que tomen mate como quien respira, no es que los bancos estén vallados como cárceles desde el último corralito, no es que la casa rosada tenga una verja de protección a 20 metros, no es que se besen siempre todos con todos en todas ocasiones cuando se ven y cuando se despiden, no es que brinden en cualquier comida, no es que las fachadas se esfuercen en ver quien tiene los anuncios más grandes en una absurda competición de fealdad, no es que todos tengan claro que dentro de 4 años les toca otra crisis.
No es que a las chicas se les llame minas y a los chicos pibes, no es que los autobuses sean colectivos y los líos quilombos. No es que se use el gerundio para todo y que si dices coger oirás risitas. No es que en la capital vivan 18 millones de personas y todas parezcan caminar a la vez por la calle Florida. No es que las manzanas sean cuadras y estas tengan invariablemente 100 números, no es que las parcelas midan todas 8,66 metros, no es que las aceras sean responsabilidad de la comunidad de vecinos y cada uno pone la que le da la gana, no es que los árboles no sean podados y entren por los balcones de las casas, no es que los parquímetros anuncien que deben ser abonados con monedas de curso legal.
No es que les guste el polo ni que bailen tango por la calle. No es que compartan en menos de 20 metros zonas de lujo y opulencia con barriadas de chavolas.
Lo realmente destacable, lo que marca la diferencia entre España y Argentina es, sin duda alguna, la tele. Son los 80 canales que cualquier habitante tiene, es la ausencia de cadenas generalistas como aquí las conocemos, se trata de la abundancia de temáticos de fútbol, de pelis y series en versión original, de noticias, de música, de realities. Lo que varía de un sitio a otro es la oferta tan amplia, imposible de abordar en una semana. Tan imposible como tratar de conocer Argentina en tan poco tiempo. Aun con estas, he podido llegar a una conclusión, higlight de todo el discurso y que me hará replantearme mis viajes al extranjero:
Los Simpson en sudamérica no tienen ni la mitad de gracia. La demostración, como no podía ser de otra manera, está en las pequeñas diferencias. Por ejemplo, la mítica frase de Bart "Yo no he sido" la transforman en un simplón "Yo no fui". Serán boludos.